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| Sabina |
Fui a la peluquería y por supuesto salí con el pelo veinte
centímetros más corto de lo que quería ¡No hay caso! Le dije, con todo el énfasis que pude, que me
cortara sólo las puntas. Ahora tengo un pelito de nada y 50 billetes menos.
Es demasiado habitual que pidamos una cosa y nos den otra y
que encima tengamos que pagarla como si nos encantara.
Salí con la goma en
la mano para nada más llegar a la esquina atarme, como buenamente se pudiera,
los restos de pelo. Me vine mirando las figuras del pavimento en busca de
razones y en porqué yo no puedo hacer como esa señora rusa…






