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| Liz by Warhol |
Estaba viendo un documental sobre la historia de unas
grandes tiendas muy famosas en USA y sus visionarios dueños, cuyo éxito nacía
de saber captar la verdadera elegancia. Y para ilustrar el talento y el nivel
de la clientela nada mejor que unas buenas fotos de Elizabeth Taylor arropada
por pieles y joyas, tantas que sólo se le veían los ojos en algunas.
Luego me tocó esperar en la antesala de un médico y gracias
a la revista de cosas y casas caras vi las residencias de descanso de algunos magnates, al rey de
España junto al cuerpo diplomático, a princesas y duques asistiendo a fiestas
en espectaculares palacios y todo puesto ahí como máximo ejemplo de refinamiento,
destacado por precioso.
¡Horrible todo!, pero no que a mí no me guste tanto, feo de diccionario,
incluyendo a la cleopatra Liz, todo espantoso. Floreado, peludo, acristalado,
aterciopelado, aleopardado, todo
junto y por montones. Un mareo caleidoscópico de broches, plumas, pulseras,
collares, diademas, colgantes, dorado sobre dorado. Salones y comedores que
podrían provocar un ataque de epilepsia con sólo mirar los cojines.






