La mayoría de las personas admite conocer a alguien que ha sido infiel o que lo está siendo en este momento. Todos decimos tener “aquella amiga” que practica el peligroso juego de la seducción fuera de la pareja. Nunca o casi nunca uno reconoce ser el protagonista de una historia de infidelidad, excepto si somos víctimas, desde ahí sí que podemos hablar fuerte y claro sobre el tema, pero jamás como verdugos.
Es un asunto muy complicado porque es doloroso para la mayoría de las personas, excepto para algunos parisinos y los Clinton…
No sé si la infidelidad es la mayor prueba del cinismo en que nos movemos, pero es una muy buena. Desde casi todo punto de vista sirve para ilustrar la hipocresía; ya sea cometiéndola, negándola u horrorizándose ente ella.
Es sabido, por ejemplo, que en decenas de miles de oficinas, hay líos entre compañeros de trabajo. Desde un respetable ministerio público hasta una elegante boutique de diseño, en todas partes de cuecen habas. Sin embargo cuando alguien cae, porque lo pillan, es un escándalo.






