Chica de Artó

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Artó

martes, 26 de abril de 2016

Celos


Se supone que están en nuestros rasgos genéticos más primarios y tienen como función la de preservar a tu pareja para así continuar la especie.
Pero de eso hace ya mucho. Y hay marcas que, por muy genéticas que sean, no son compatibles con la evolución (mental), por no hablar de que si les seguimos haciendo caso, corremos el riesgo de no sacarnos nunca al mono que llevamos dentro.
Las rupturas a causa del Whatssap son ya un clásico. Tenemos ahora cientos de vías de comunicación, que también son mecanismos de vigilancia, y cuando se ponen al servicio de la persecución por celos, más temprano que tarde, te ves atrapado en una maraña de inseguridades y angustias que no puedes controlar; y, de golpe, te conviertes en una espía aficionado tremendamente triste y desdibujado.
Los celos están mal entendidos y son la raíz de muchas conductas venenosas para las relaciones de pareja.
Se han perpetuado en el tiempo al amparo de que son normales e inevitables, inherentes al amor y producto de la pura pasión.

viernes, 26 de febrero de 2016

Corazón en línea o amar en tiempos revueltos


Al paracer, las aplicaciones para ligar o encontrar pareja han cambiado por completo las tradicionales formas de conquista.
Nuestras costumbres, cuando de “amor” se trata, habían sido siempre muy, muy formales. Seguramente porque su origen está en lo más profundo de la sociedad con manifestaciones que se han mantenido por los siglos de los siglos gracias a lo romántico y lo sagrado.
Unos ritos que van desde las tradicionales cartas de amor con perfume, hasta el siempre deseado “diamond ring”.
Pasando por la “pedida”, el noviazgo, los compromisos y enlaces varios ante las familias, además de todas las demostraciones de amor en formato: canción, bombones, poemas o tatuajes. Y cada una de estas manifestaciones tiene (tenía) su correspondiente manera de ruptura. 

miércoles, 13 de enero de 2016

Castrados


Hay un término chileno que una vez tuve que explicar, entre no pocas risas, a un grupo de amigos extranjeros.
¿Qué es ser un “calzonudo”?.
En España se dice “calzonazos” y no es sólo el hombre que se deja gobernar por la pareja como dice la RAE, porque no es sólo cuestión de hacer caso, sino también de temer. De temer a la reacción en caso de desobediencia, de callar, de anularte y de ceder hasta límites insospechados, tal vez no en apariencia, pero sí en lo fundamental.
Como supondrán, yo conozco a varios. Porque todas conocemos a uno.
Tengo un amigo que tienen prohibición expresa de hablar conmigo o mantener cualquier forma de contacto. De hecho su mujer me envió un mail para certificar que así era y que “él” estaba de acuerdo con la medida. ¡Lindo mi amigo!, otra cosa no sé, pero tan buen marido que es.
Tengo otro amigo que me llamó por teléfono con mucha angustia en su voz para pedirme que cuando quisiera hablar con él, mejor le enviara mensajes de texto … porque su mujer le revisaba la lista de llamadas y entonces era un embrollo explicarle con horas y minutos el porqué de nuestras demasiado largas conversaciones. Con ése por lo menos ahorré en teléfono.

sábado, 2 de enero de 2016

Dulce y amargo # 015




Entré a gatas en el 2015. Literalmente toda quebrada, completamente rota, y sin saber muy bien cómo empezar un año que, al final, tuvo de dulce y amargo. Y tanta nostalgia y lágrimas como entendimiento.

Comprendí lo impensable y acabé perdiéndole el miedo a la muerte. Incluso encontrándole sentido.

La muerte de mi madre, ocurrida al final del 014, después de una larga y tortuosa agonía me cambió para siempre.

Vivir el año que ya pasó, fue, sobre todo, un tiempo para recomponerme, para armarme de nuevo, pero ya no igual, y para  volver a sentir que mis pies podían aguantar de nuevo mi propio peso y el de mis vivencias.
Al principio, sumida en un cansancio infinito, amargada y enrabiada con Dios, con la vida, con el destino y lo que fuera. ¡Qué miserable la puta suerte!.
De a poco fui entendiendo tantas cosas de mi propia historia, gracias a las fotos antiguas, a las cartas encontradas, a los papelitos doblados en billeteras escondidas. Los recuerdos se transformaron, y con ellos, toda la vida anterior.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Ding don´t bell


Reconozco que nunca me he tomado con  la mejor actitud las fiestas de fin de año. Exceptuando algún año loco en que estaba poseída por la euforia de una libertad desconocida y que ya no volvió, siempre me exaspero con el ajetreo navideño.


De niña no sentí nunca especial interés por los regalos. Mi mamá, pobre, hacía su mejor esfuerzo para sorprenderme, pero nunca consiguió transformarme el semblante en algo parecido a gesto de entusiasmo o ilusión. Siempre sabía lo que había dentro del papel de regalo y nunca era lo que me hubiese gustado. Ni con 5 años ni con 15.

Siempre fui difícil, siempre lo he sido. 


Ya de mayor, renuncié a formar parte de las mareas humanas que invaden las tiendas brillantemente decoradas y, en cuanto pude, empecé a regalar a mis seres queridos y cercanos algún billete en un sobre. Nunca falla y te ahorra el esfuerzo adivinatorio.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¿Quién es quién?



Hay muchos mitos tejidos alrededor de las suegras. Esa figura emblemática, siempre compleja y llena de matices que la convierten en ángel o demonio según la ocasión.


Con todas mis amigas, en algún momento, hemos hablado de lo que significan, el lugar que pueden llegar a tener en nuestra vida, las consecuencias de tenerla cerca, lejos o a media distancia. No parece haber espacio ideal, no parece que, en su mayoría, puedan ser una figura querida sin más. 

Hasta en el mejor de los casos, siempre hay algún reparo, siempre llega ese momento donde se convierten en un grano que pica (o piedrecita en el zapato).


Aunque no llegue a haber nunca un choque de trenes, siempre hay un tira y afloja, una tensión omnipresente. Habrá alguien a quien le haya tocado la lotería y la quiera más que a su propia madre… bueno, pues que no siga leyendo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

No es edad para inocencias


Dos veces en poco tiempo me he visto frente a hombres distintos hablando sobre cosas que, al parecer, no sabían.
Pero la que se ha quedado de piedra soy yo.
Sorprendida ante sus ojos abiertos, sus silencios nerviosos y sus risas forzadas y hasta un pequeño enfado para enfatizar la negación: “eso dirás tú, pero no es mi caso”. Nunca es su caso.
¿No es tu caso? No se trata de ti. No es nada particular. Así son las cosas, no más.
Hace poco dije que la mujeres nos callamos y, entre nosotras, no nos contamos la verdad sobre demasiadas cosas. Pues entre los hombres parece que pasa un poco lo mismo.
Y debe ser por eso que no saben que en el matrimonio la felicidad es una variable y no una constante y que la sagrada unión, con el tiempo, se vuelve cada vez menos sagrada. Se pierde interés y las puertas del deseo se abren cada vez menos en tu casa y más en portales menos familiares.
Se me hace raro que un hombre grande, vale decir, de más de 30 no entienda bien de qué va el asunto de estar en pareja y se sienta traicionado por la vida cuando descubre que todo es mucho menos “ideal” de lo que él pensaba.