Chica de Artó

Chica de Artó
Artó

jueves, 2 de octubre de 2014

Las cosas por su nombre



Hay palabras que no soporto, algunas me violentan y otras me perturban, como el “maraca” chileno, que es la versión criolla de puta, pero vulgarizado hasta el extremo. Y ahora vuelto a poner de “moda” por unos iluminados empresarios, hijos de empresarios y nietos de empresarios, que han hecho de lo “popular” un excelente negocio.

Ni “maraca” es divertido ni “te voy a meter no sé qué hasta no sé dónde…” es un halago, simplemente porque por definición un halago tiene que agradar y no puede ser obligatorio tener que verle la “gracia” al tan mal llamado piropo callejero porque de lo contrario eres una amargada o “tonta grave” como encima se permiten llamarnos a todas las personas que no compartimos ese “sentido del humor” tan de macho campestre.

La costumbre de piropear con groserías a las mujeres por la calle es una tradición en muchos lugares (en otros está tipificado como delito) que se cobija bajo el manto de otro atributo enaltecido a  cualidad y con denominación de origen: la “picardía”; un recurso que sirve para todo. Para insultar con chistes, inmiscuirse en asuntos privados, para robar, para mentir y también para mantener al machismo como emblema nacional.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Un tipo duro




Se acaban de cumplir 10 años de la muerte de Marlon Brando, divino, guapo, ícono de una generación, actor de indiscutible talento. Un hombre adorado por millones de personas por su rudeza, su carácter firme y su mirada de pantera.
Su vida personal fue algo menos “adorable” y el famoso actor que encarnó como nadie al hombre recio y rebelde,  llegó a tener más de una docena de hijos con distintas mujeres de los cuales uno acabó suicidándose, otro en la cárcel y varios un poco intoxicados.
El trabajo más comentado de  Brando es sin duda la encarnación de Stanley Kowalski en  “Un tranvía llamado deseo”, su película clave, mil veces citada, imitada y venerada. Yo la primera vez que la vi me quedé con los ojos como platos. La historia es criminal con las mujeres (con todas), con un grado de violencia que me tuvo con el estómago recogido mucho más que “Alien” . Un griterío bestial durante toda la cinta porque Marlon en el rol de macho cabrío y vulgar está fantástico.  No para de vociferar y repartir amenazas y bofetadas enfundado en una camiseta blanca que luego se convertiría en el uniforme de los “rebeldes sin causas”.  Me gusta. Es una muy buena película, recomendable sobre todo porque resulta inolvidable.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Después de una traición



Una traición puede tener muchas formas y una venganza también. Dicen que el libro que acaba de publicar la  ex pareja del presidente francés es una represalia. Puede ser. Desvela cosas íntimas y dice cosas “terribles” del mandatario socialista (que al parecer de socialista tiene bien poco) que la engañó con una joven y popular actriz, de lo cual la vengativa Valerie Trierweiler se enteró por la portada de una revista.

Y un poco más allá está Berlusconi pagando 3 millones de euros al mes a su ex mujer que, de  momento, no ha tenido la necesidad de escribir ningún libro ni de dar entrevistas.

También me acuerdo de Mia Farrow, que a pesar de ser una reconocida activista en favor de la paz, hizo todo lo posible para destripar a Woody Allen en Times Square por haberse “enamorado” de su hija.

Sinceramente, creo que es muy difícil quedarse calladita ante una traición. Y no me refiero a las infidelidades solamente, las hay de muchos colores y formas. Digerir una traición es, me atrevo a decir, imposible. 

Vernos atravesadas por una daga envenenada de alguien a quién tenías por “uno de los nuestros” es imposible de encajar bien. El rencor es una mala hierba que crece a pesar de todo; tarde o temprano aflora  y no como una rosa.

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Y ahora quién podrá ayudarme?



Cuando nos hacemos grandes las relaciones con las personas más cercanas se transforman drásticamente, entre otras cosas, los cariños se comienzan a ejercer de manera más “igualitaria”; se terminan los superhéroes, las hadas madrinas y todos esos personajes que venían en tu rescate.

Nuestros padres se desplazan de la primera línea de fuego y cuelgan el cartel de "no molestar"  y todos los que de alguna manera nos cuidaban se vuelven medio transparentes.

Y nosotras entramos en el universo del adulto dando sendos pasos hacia la  tan ansiada autonomía para ganarnos un lugar propio en el mundo.

Bueno, ganar ganar… sí, en muchos sentidos sí.  Se gana libertad, poder de decisión, independencia, pero también se pierde un poco. Como en casi todo.

Decían el otro día que una de las claves para ser feliz es el sentimiento de compasión, entendido como eso que nos conmueve y nos impulsa a ayudar a otra persona. Donde va metido lo de dar para recibir, la socorrida empatía con eso de no hacerle a otro lo que a uno le gustaría que le hicieran, etcétera. Cosan tan repetidas y manoseadas que han acabado por sonar ridículamente bíblicas, y nada más.

jueves, 28 de agosto de 2014

Mujeres sin hijos y otras vanguardias



Me encantan las revistas, casi todas. Cuando voy al médico intento llegar un poquito antes de la hora para hojear todas esas revistas que uno no compraría, pero que son fascinantes. 
Desde el clásico Hola o Vanity Fair, hasta las más juveniles y amarillas.

Revistas para el público femenino todas ellas. Donde salen muchas mujeres, una más estupenda que la otra. No voy a descubrir la sopa si digo que todas tienen contenidos bastante “ideales” (inventados) y están llenas de “ilusión y fantasías” (mentiras) aunque en algunas se esfuercen por disimularlo.

Una de mis secciones favoritas son las entrevistas, sobre todo  a modelos o actrices. Todas tienen tanto en común… Chicas que no engordan a pesar de comer de todo y que no han hecho nunca una dieta, a las que no les interesa la moda  y en cuyos armarios sólo hay tejanos y camisetas blancas de lo sencillas que son, mujeres a las que no les interesa el dinero y que sólo buscan en un hombre que tenga sentido del humor;  que siempre supieron que querían ser actrices o que, sin ellas buscarlo, las descubrieron en el metro de New York o en una discoteca de Berlín.

Bueno, todo esto, vaya y pase.

Lo que ahora me ha empezado a jorobar bastante es que las revistas que intentan tener un tono más progresista (acorde con los nuevos mercados) vayan armando estereotipos de mujer, supuestamente de avant-garde, que son tan irritantes como los más antiguos del mundo.

viernes, 15 de agosto de 2014

El dolor de los demás



Susan Sontag una escritora formidable, pensadora brillante, hablaba mucho antes de la era de las redes sociales del significado opuesto que puede tener una imagen, la misma imagen, para distintas personas.

Lo que para algunos puede ser la foto de una tragedia, para otros es un emblema de la más pura alegría. 
Porque para unos un muerto es una pérdida atroz y para otros cuenta como victoria.
Frente a un río de teorías que hablan de si es bueno o malo “mostrar” y cruzar una sinuosa línea ética para exhibir ciertas cosas, es habitual encontrar que muchos se cubren con la manta de una muy cuestionable libertad de expresión para enseñar al público escenas terribles, cadáveres de niños y trozos de personas esparcidos entre escombros;  y yo creo que esto está mal, pero muy, muy mal.
¿Has visto alguna vez en algún medio de comunicación con licencia para emitir, una sola imagen de algunos de los miles de muertos que hubo en el atentado de las Torres Gemelas?. La respuesta es simple si dejamos al margen las cloacas y lo clandestino. No se difundieron imágenes de aquella terrible tragedia, no se mostraron al mundo esos muertos más que en brillantes ataúdes cubiertos por impecables banderas, y muy brevemente y desde lejos.
¿Por qué? ¿Acaso porque no había trocitos de gente por ahí para enseñar? ¿O porque a la gente que saltaba por las ventanas no se les pudo hacer buenas tomas? No, no se vio nada de eso, por respeto a los propios muertos, a sus familias y porque mostrarlo no ayuda a entender nada, sino sólo a alimentar un morbo salvaje.
¿Por qué en cambio no paramos de ver niños palestinos, sirios, o de algunas zonas de África muertos o medio muertos mirando a cámara?
Porque el dolor y el respeto ante la muerte, la enfermedad o la guerra  no es igual para todos.

viernes, 8 de agosto de 2014

Causas nobles



Me pasa que en momentos como este, en que la realidad mundial pareciera estar tan ferozmente golpeada por la tragedia, busco en los medios, en la prensa sobre todo, la manera, las claves, los argumentos que me permitan entender un poco lo que ocurre.

Me voy directo a los artículos más reputados, firmados por periodistas, escritores o pensadores de renombre y luego me paseo por sitios alternativos, publicaciones independientes, algún blog… y leo. Leo un montón. Análisis profundos y notas ligeras. 

Y lo que me queda al final es una idea hiriente de la atrocidad que significa una guerra. Y la convicción de que no podría (yo, que no vendo armas ni tengo intereses económicos comprometidos), ponerme ahora a tomar partido por un bando o por otro. No es que me quiera situar por encima del bien y del mal. Simplemente es que me parece que la guerra entera, toda ella, con sus causas originales, todo lo que implica y sus efectos devastadores, es de una tristeza infinita. Desoladora vista como un todo, como un fenómeno del que nadie debiera formar parte, ninguna parte.